Desmantelemos
la Cultura de Pobreza
Cada primero de abril se conmemora el Día Mundial de la Educación, lo que me transporta mentalmente a reflexionar en la
siguiente frase de Nelson Mandela: “Es
a través de la educación que la hija de un campesino puede llegar a ser médico,
que el hijo de un minero puede llegar a ser cabeza de la mina, que el
descendiente de unos labriegos puede llegar a ser el presidente de una gran
nación”.
Por tanto, el mejor legado que los padres pueden conferir a
sus hijos es la educación, pero existe un muro invisible que obstaculiza esta
trasferencia, nos referimos a la cultura de pobreza.
Es importante aclarar que en este escenario no abordamos el
concepto de pobreza, para hacer referencia exclusivamente a la escasez de
recursos económicos, más bien, utilizamos el termino para explicar el estado
mental coartado asociado lógicamente a la condición de la carencia material.
En este tenor la cultura de pobreza hace hincapié a una serie
de creencias y actitudes que giran en torno a un contexto que limita el pleno
desarrollo de sus actores como entes sociales. Estas personas portan unos valores
que permean sus actividades, conductas y formas de pensar
afectando su estilo de vida por la posteridad, y de paso impulsan a toda su
generación en esa misma dirección.
Sin saberlo, muchos de nosotros como padres podríamos estar
condicionando a nuestros vástagos a cargar con las mismas restricciones
emocionales, psicológicas y actitudinales nuestras, otorgándoles la peor de las
herencias: “La cultura de pobreza”.
Es nuestro deber como progenitores desmantelar esta cultura
tan arraigada, al cortar ese cordón umbilical que nos mantiene atados, que nos
mantiene presos impidiéndonos maximizar nuestras potencialidades, y por ende,
la de nuestra familia en conjunto.
Cambiando nuestras expectativas, nuestros hábitos, nuestra
manera de ver el mundo y de desenvolvernos en el, allanaremos el camino para
que nuestros descendientes tengan un mejor destino, uno sin más pobreza en
todos los sentidos en que aplica el término.
Leonora Margarita Salazar Espinosa
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