El
bien más preciado bajo amenaza
Qué respuesta darías ante la pregunta: ¿Cuál es tu bien más preciado?… Muy probablemente ha
inicio de este año 2020 las opiniones a la interrogante hubieran sido muy
diversas según el país, estado económico, social, profesional, laboral y
familiar de cada persona, entre otras circunstancias particulares, pero creo
que hoy todos estaríamos de acuerdo con atinarle a la SALUD.
El termino salud es definido por la Organización Mundial de
la Salud (OMS) como “el estado completo de bienestar fisico, mental y social”.
La pandemia actual del COVID-19 amenaza con desequilibrar
estos tres estadios; tenemos miedo a contagiarnos o contagiar a nuestra
familia, pavor de morir o ver morir a alguien que amamos, estrés ante la
posibilidad de perder el empleo y no saber cómo proveer de los alimentos a los
nuestros, la angustia de no saber que será del mañana (ataque mental), el
distanciamiento o aislamiento de seres importantes en nuestra vida como los
amigos, cohibición casi total del contacto con otros seres
humanos como único mecanismo de defensa ante la propagación
progresiva del virus (ataque social); si salimos positivo en la prueba o
tenemos los principales síntomas experimentaremos una serie de quebrantos en
nuestro organismo (ataque físico).
Sin duda, estamos ante un enemigo que pretende arrebatarnos
por todas las vías la fortuna que llamamos BIENESTAR o lo que sería al revés
ESTAR BIEN.
Hoy es una buena ocasión para meditar sobre la fragilidad de
la vida, a propósito de ser el Día Mundial de la Salud, y para valorar a todos
los profesionales que en cada aliento, con cada latir, tras cada paso procuran
brindar un servicio de calidad para amortiguar los efectos del Coronavirus en
el cuerpo de los pacientes, para ellos solicito no un aplauso, sino una oración
de acción de gracias a Jehová Dios, por otorgarles amor en el corazón, valentía
y resiliencia, pues sin ellos en la primera línea de batalla, nuestro destino
seria más turbulento.
Hagamos algo por ellos, ¡Alivianemos como un gran equipo su carga, quedándonos todos en casa!
Por la
psicóloga Leonora Margarita Salazar Espinosa M.A
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